A pesar de tener nuestros billetes, ayer nos dijeron que hoy no podríamos volar, pacientes, llamamos a Kathmandu para hablar con Tenzing y explicarle la situación. Al cabo de un rato nos comentan que si volaremos y que debemos estar mañana a las 07:00 horas en el aeropuerto. Más tarde, mientras cenábamos, de nuevo se presenta la mujer de los vuelos diciendo que estemos a las 06:00 en lugar de las 07:00 horas.
Pues aquí estamos, parados, pasando frío, al lado de la verja que separa la pista de vuelo con piedras de casas del pueblo, ya que este “aeropuerto” carece de instalaciones.
Las horas pasan y el tiempo no parece estar del todo bien para poder volar, todos estamos atentos a lo que acontece a nuestro alrededor con la esperanza de sentir los motores de alguna avioneta. Sobre las 10:00 horas nos llaman y pasamos el control policial en una especie de cabaña sin techo y con algunas paredes de tablas. Pacientes seguimos a la espera de poder sentir la avioneta, hasta que por fin la escuchamos mientras aparece subiendo por la corta pista en cuesta que le favorece el aminorar la velocidad. Contentos se ven bajar a 8 turistas, al cabo de un rato estamos los dos pilotos y nosotros 8 (no hay más plazas) despegando por la pista en cuesta, y en nada, dejamos de sentir los baches y piedras de la pista, estamos volando entre nubes y montañas, para después de dejar estas tierras, y entre nieblas, bochorno y calor, poder ver llanuras del sur de Nepal y aterrizar en Nepalgunj. Aquí, de nuevo pacientes, gestionamos el vuelo para que en el día de hoy nos lleve a Kathmandu, después cogemos un taxi para que nos lleve a la ciudad donde nos alimentamos bien, regresamos al aeropuerto, esperamos unas horas y a media tarde ya, en un avión más grande, volaremos a Kathmandu.
Ya en Kathmandu, antes de meternos en el hotel, adquirimos cepillos y estropajos, y tras una prolongada ducha que nos dejará como nuevos, nos encontramos listos para sentarnos y cenar relajadamente.
Días 2,3 y 4 / 11 / 2011.
Después de la tan
esperada ducha, que durante días de sudor, de emplear la misma ropa día tras
día y de tener que meterse con ella en el saco, ¡por fin estamos limpios!
Echaremos dos días
más en Kathmandu antes de que cada uno tome su nuevo destino. Durante este
tiempo, a demás de recibir los trofeos, nos dedicaremos a comprar recuerdos en
las seductoras tiendas, sobre todo, para los familiares y amigos. Tan bien
tendremos algún que otro atracón de comida, como el que tuvimos en el bufet del
Hotel Resort Yak and Yeti; yo, personalmente, casi me pongo malo, y si no es
por Fali que me fue a comprar a las tantas de la noche, “no sé donde”, un poco
de alcohol, “creo que Ron”, no daba llegado al Hotel. A cada paso me tenía que
sentar, y gracias al alcohol que ayudó a activar la digestión, pude sentirme
mejor, llegar al hotel y dormir sin malestar.
Al tercer día, por
la mañana temprano, los primeros (Claudio, Fali, Salvador y Tano) cogen sus equipajes
y salen para el aeropuerto con destino a sus casas. A media mañana Joel les
sigue, para a media tarde Pablo hacer lo mismo. Beñat dispone de algo más de
tiempo y lo empleará en conocer un poco más este país. Yo echaré sobre 20 días
más por la zona del Manaslu.
La mayoría de los
lectores pueden quedar impresionados por la carrera, por el lugar, por el
recorrido, por la dureza, por sus gentes, por la capacidad para entender la
necesidad de adaptación a un medio tan hostil, donde incluso los moradores
llegan a negar el dar de comer, pero en este tipo de pruebas hay valores que
sin buscarlos surgen, valores donde la calidad como personas que somos sale a
la vista de todos, cuando, en cierto modo, cambian la capacidad de lucha por
vencer al contrincante por esperar a este. Esto ha hecho crecer un valor de
unidad de grupo, sin el cual, en estas tierras tan hostiles, difícilmente se
llegaría al final. En cambio, esto no eclipso el espíritu de luchar por vencer
al contrincante, con tiempos que serían más distantes si no existiese el
difícil equilibrio encontrado entre grupo y competición.
En el fondo creo que
esto solo se consigue cuando una situación obliga a ello y, en el Dolpo, cada
momento hace refrescar la necesidad de ello, con sensaciones que solo viviéndolas
se llegan a entender.
Ahora toca empezar a
trabajar en la edición 2012.
Saludos Jesús.
